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Una gran condición para una gran Promesa


15 Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. Juan 14:15-17

Todos queremos saber las formas como obra el Espíritu Santo en nuestras vidas. Queremos el fuego, me refiero a esa manifestación sobrenatural que nos embarga y que nos hace sentir tan real a Dios como ninguna otra cosa. Es correcto sentir esto, de hecho hoy más que nunca necesitamos que el Espíritu Santo nos llene. Pero cuando esto no ocurre cada día y a veces en varios días o semanas o a veces más, nos preguntamos ¿por qué? si yo quiero sentir a Dios, que es lo que falta. Esta pregunta tiene muchas respuestas que nos resultan válidas y que yo mismo he sugerido. Lo que nos falta es fe, por ejemplo digo, sin razonar, sin cuestionar, sin tratar de entenderlo mucho sino que dejarnos llevar por una experiencia que sobrepasa a veces nuestro entender. Claro está nada que contravenga la Escritura. Por su puesto que es fundamental la fe, aun cuando queremos hablar en lenguas, aspecto que estoy considerando en este devocional. Debemos considerar que Jesús nos dejó mandamientos, eso es lo que dice el verso 15 y si quiere ver el verso 21 dice algo parecido. Es posible que me digas que no te habías dado cuenta que Jesús les dejó algunos mandamientos a los discípulos. Sería interesante saber cuales son: Bueno uno de ellos es muy simple: Sígueme, el otro es parecido, se pescador de hombres. Este otro: Conoce al Padre. Lavemos nuestros pies unos a otros (esto no lo tome tan literal y piense en la idea de servirnos unos a otros). Este del Juan 13:34 Debemos amarnos unos a otros como nos amó Jesús. Otro mandamiento, crean en mi (Juan 14:1). Jesús pidió que anduviésemos en sus caminos, que es lo mismo que obedecer sus mandamientos para que podamos recibir al Espíritu santo. La razón no es tan obvia, pero tiene que ver con él hecho que debemos sujetarnos a su señorío, este no será impuesto sino más bien voluntario, requiere que nosotros sepamos que el Señor necesita nuestra obediencia y que el Espíritu Santo obra a través de nuestra obediencia, donde esa es la clave de su presencia, sino hay obediencia su presencia no tiene ningún impacto en y por nosotros. La comunión que tenemos con Dios el Padre y el Hijo es a través del Espíritu Santo, dijo en Juan 14:23 El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. Haga el firme propósito de guardar los mandamientos de Dios y sea sensible al mover del Espíritu Santo y siempre sentirá que su depósito "Su cuerpo", es templo del Espíritu Santo. Dispóngase hoy a honrar a Dios con su vida.


© 2016 por CCC

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